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Expediente 2021
Martes 14 septiembre, 2021

Entre más fosas, más desarrollo

Una nueva fosa clandestina aparece una vez a la semana en Veracruz. Los apóstoles, teóricos y prácticos del socialismo, y también los economistas, dirán que es un tabulador para medir el Plan de Desarrollo Estatal. La premisa es universal: entre más fosas... más desarrollo.
Otro tabulador para evaluar el Plan de Desarrollo Estatal es el miedo. Y “el miedo al miedo” como escribió León Felipe, el poeta español que en el siglo pasado, Lázaro Cárdenas del Río presidente, llegó a Veracruz y se quedó un tiempecito y escribía poemas en el café La Parroquia

Luis Velázquez

frente a un lechero y una canillita.
Miedo a un secuestro. Miedo a una desaparición. Miedo a un ultraje. Miedo a un asesinato con criminales físicos e intelectuales. Miedo a una fosa clandestina, campeón mundial que fuera Veracruz en el duartazgo, convertido “en el peor rincón del mundo para el gremio reporteril” y que al momento, de Miguel Alemán Velasco a la fecha, incluye a treinta y cuatro trabajadores de la información ejecutados.
En el duartazgo, por cierto, el sacerdote de la Teología de la Liberación, José Alejandro Solalinde, siempre en pie de “Guerra”, su segundo apellido, lo dijo con claridad: “Veracruz es el peor fosario del país para los migrantes de América Central”.
El periódico El País, de España, replicó la versión de Solalinde: “En Veracruz hay más fosas clandestinas que municipios”, 212 en total.
Por eso, y al paso que vamos y luego de treinta y cuatro de inseguridad, incertidumbre, zozobra e impunidad, el Plan de Desarrollo Estatal que por lo regular mide el crecimiento económico y social se define en su esencia pura por el número de fosas.
Fosas por todos lados y en todos los municipios.
De norte a sur y de este a oeste.
Las más famosas, antes, Colinas de Santa Fe, en el puerto jarocho, y ahora, Campo Grande, en Ixtaczoquitlán.
Nada, entonces, de que Orizaba es la ciudad más bonita y hermosa de Veracruz, gran atractivo turístico, con todo y la estatua levantada a Porfirio Díaz Mori, el asesino intelectual de los trescientos obreros textiles ejecutados en las fábricas textiles de Río Blanco el 7 de enero de 1910.
Tampoco nada de que Los Portales y el zócalo jarocho se antojan para vivir el paraíso terrenal.
Las fosas clandestinas son la revelación insólita y extraordinaria del Plan Estatal de Desarrollo.
Y allá los rancheros y los hacendados y los ganaderos y los líderes agrarios que cuiden su traspatio, su parcela, su rancho, porque de pronto, y antes de que el gallito cante 3 veces anunciando el nuevo día, pueden aparecer fosas clandestinas en el terruño de su propiedad.

TRIUNFO DE LA MUERTE SOBRE LA VIDA

La dura realidad de las fosas clandestinas.
Una fosa clandestina tiene significado polisémico. Por ejemplo:
Como premisa universal es el triunfo de la muerte sobre la vida.
La derrota de la esperanza ante la truculencia humana.
El símbolo de la incapacidad del llamado Estado de Derecho para garantizar la vida.
La victoria de los carteles y cartelitos, malandros y malosos, sicarios y pistoleros, delincuencia organizada y común sobre los cuerpos policiacos.
La evidencia de las tribus políticas en el ejercicio del poder y la tarea de gobernar.
El fracaso del discurso triunfalista en una república amorosa lleno de balazos, tiros, fuego cruzado, Magnum y hasta armas sofisticadas para derribar aviones y helicópteros oficiales.
La proclama bíblica de “Amaos los unos a los otros” descarrilada en el palenque por el adagio fatídico de “Matarse entre todos”.
Una batalla inacabable, sin fin, en todo caso, con final infausto, porque todo indica que nunca, jamás, jamás, jamás, la tranquilidad y la paz pública serán restablecidas.
Cada vez, todos y cada uno de los rincones geográficos oliendo a pólvora y sangre.
Cada vez, más fosas clandestinas con un número insólito de cadáveres.
Y lo peor entre lo peor, más parejas viudas, más niños huérfanos, más padres ancianos a la deriva social y económica porque el padre de familia fue secuestrado, desaparecido y asesinado.
Peor, mucho peor, cuando los padres de familia buscan en las fosas clandestinas a sus hijos, mujeres y hombres, levantados cuando iban a un mandado hogareño, a la escuela, a una reunión amical, etcétera.
Un Veracruz cargando en el camino azaroso, lleno de espinas y cardos, un montón de víctimas.


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